Capítulo 16: Palermo y los perros


Lo que pasa cuando dejamos los recuerdos para recordarlos es que hay cosas que olvidamos. Ya olvidé como había puesto a este compañero de viaje. Que nos acompañó por el centro, que mi hermana renegó por su culpa porque seguro lo iban a pisar y porque después se pegaron otros de sus amigos. Así llegamos a la iglesia sin techo, Santa maria dello spasimo, de la que ya tampoco recuerdo su historia, que se que tiene que ver algo con la segunda guerra, creo. El caso es que sin terminar o sin restaurar es un lugar favorito, recomendado, para ir a cualquier hora del día o de la noche, en cualquier temporada del año. Hay silencio, hay palomas y hay visitantes como yo. Yo quería quedarme entre sus pilares y columnas viendo el cielo todo el día.

Y ya busqué. La iglesia nunca fue terminada desde 1500. Luego fue un refugio para los leprosos. Y hoy es teatro y ruina bien conservada. Un bonito lugar.

Capítulo 15: Helado


Después de caminar por el mercado, tenía ganas de un dulcecito. Y me encontré la Gelateria. El problema es que con tantos sabores era difícil escoger. Así pedí unos al azar y me llevé una bonita sorpresa.

Capítulo 14: Mondello (Parte II)


Ya habíamos pasado el pueblo. Seguía haciendo el mismo frío y ahora menos sol. El sol del invierno que se esconde tan rápido y calienta tan poco. Me llevó a su lugar favorito. EL que se volvió el mío. Un lugar solo, solo. Sin uso por toda una temporada. Una piscinas a medio llenar con agua lluvia, y el cielo gris ahí reflejado y el azul intenso, de un verano próximo y tantos que han pasado. Una ganas de estar ahí días viendo como no pasa nada, mas el mar moverse rápido. Pensar en una historia de amor, o de esas tontas tipo americano de los años 60 que suceden en un playa con un mar de telón de tela. Pero este telón era real.