Capítulo 14: Mondello (Parte II)


Ya habíamos pasado el pueblo. Seguía haciendo el mismo frío y ahora menos sol. El sol del invierno que se esconde tan rápido y calienta tan poco. Me llevó a su lugar favorito. EL que se volvió el mío. Un lugar solo, solo. Sin uso por toda una temporada. Una piscinas a medio llenar con agua lluvia, y el cielo gris ahí reflejado y el azul intenso, de un verano próximo y tantos que han pasado. Una ganas de estar ahí días viendo como no pasa nada, mas el mar moverse rápido. Pensar en una historia de amor, o de esas tontas tipo americano de los años 60 que suceden en un playa con un mar de telón de tela. Pero este telón era real.

Capítulo 13: Mondello (parte I)


Ir a la playa sin estar en bikini y parasol, sino mas bien con un ventarrón que suena todo el tiempo, y un frío que cala los huesos. Y una playa sólo para uno. Es uno y el mar. El mar, ahí que no se cansa de sonar, de cada ola reventar, con la fuerza de adentro, terminar y empezar, cada ola, cada fuerza. Eran como las 3, y el pueblo parecía solo. La playa estaba sola, y el sol ya estaba cayendo. Los pescadores tenían las barcas atracadas, todo estaba en una fría calma. La verdad es relajante oír solo el mar. Y caminar, como si uno fuera el único.

Capítulo 12: Conocer la nieve



Yo conocía la nieve del Nevado del Ruiz de hace 10 años. Podría decir que la verdad pensaba que la nieve era algo más que esa primera nieve. Así todo un invierno en Europa y fue en Sicilia, donde los suegros de mi hermana se sorprendieron porque yo no conocía la nieve. Felices, me llevaron por el camino a la cima de la montaña. Una montaña vieja de apenas 2400 mts de altura. Como estar en Medellín nevando y con frío: la magia de las estaciones.

No se sabía quien estaba más feliz. Si yo por conocer la nieve, congelada. O ellos por verme jugar y sonreír de felicidad.

Y la nieve es igual. Pero en Sicilia había más.